Esta
frase que se utilizó como cierre de la Manifestación convocada por UGT y
CCOO, molestó tremendamente a la caverna
mediática y por transmisión a los informados que siguieron la movilización a
través de los medios anti sinsicales.
Me
llamó poderosamente la atención que extrañase una llamada a disfrutar de lo que
quedaba de domingo. Me resultó chocante que se viera como algo fuera de lugar
el que muchos trabajadores y trabajadoras, obreros y obreras, sacasen un par de
euros de sus esquilmados bolsillos y se tomaran una caña y distrutaran del
domingo, del sol, de la vida. Yo también me tomé una cañita junto con los
compañeros y compañeras que nos desplazamos hasta Madrid con motivo de la
Manifestación contra la salvaje Reforma Laboral de Rajoy el Partido Popular.
Me
produjo incluso momentos de melancolía cuando un joven cachorro del PP de
Arganda vio la vergüenza que producía el que nos hubieramos tomado los obreros una caña al sol. Melancolía
al pensar que este cachorro será un obrero aunque él no lo sepa o no lo quiera
saber. Melancolía al pensar que su familia es de obreros y obreras, como la
mía, como mis padres, como mis hermanos como yo: obreros. Tristeza cuando
intenta denigrar a sindicatos que han luchado durante decenas de años para
conseguir los derechos de los que él ahora disfruta. Derechos entre los que se
encuentra el que pueda realizar estudios universitarios, que quizás sea lo que
le tiene convencido que él no es “obrero”.
Esta
indignación no es sólo un detalle; no tiene sólo que ver con la cañita. Detrás
de ella está el sentimiento de que el trabajador ha perdido todo, que no tiene
ya derecho a nada, ni si quiera a tomar el aperitivo.
Tendremos
que tomarlo a escondidas.



