martes, 14 de febrero de 2012

Arreglando el paro a costa de mi nefritis

Este es un caso inventado, pero que puede ser perfectamente factible a partir de la entrada en vigor de la Reforma Laboral.

Soy un parado de 53 años, casado y con dos hijos adolescentes. Trabajaba en un taller mecánico del polígono industrial de Arganda del Rey. 

Siempre he padecido del riñón y he sufrido de unos cólicos nefríticos tremendos que se han ido agudizando con el paso del tiempo. El mes pasado, tuve uno de ellos. Acudí al médico y me dio una baja por cinco días. Como cada vez me repiten más frecuentemente, me volvió a dar a principios de este mes y el médico me volvió a dar la baja por otros cinco días. 

Me reincorporé al trabajo a principios de esta semana, y justo cuando me estaba poniendo el mono de trabajo, me dieron la carta de despido junto con el finiquito. Se calificaba el despido de procedente y me indemnizaban con 20 días por año de trabajo. 

Fui rápidamente a hablar con el dueño del taller y me remitió al gestor que le lleva los asuntos laborales. Allí me dieron a leer esto:

«d) Por faltas de asistencia al trabajo, aún justificadas pero intermitentes, que alcancen el 20 % de las jornadas hábiles en dos meses consecutivos, o el 25 % en cuatro meses discontinuos dentro de un periodo de doce meses. No se computarán como faltas de asistencia, a los efectos del párrafo anterior, las ausencias debidas a huelga legal por el tiempo de duración de la misma, el ejercicio de actividades de representación legal de los trabajadores, accidente de trabajo, maternidad, riesgo durante el embarazo y la lactancia, enfermedades causadas por embarazo, parto o lactancia, paternidad, licencias y vacaciones, enfermedad o accidente no laboral cuando la baja haya sido acordada por los servicios sanitarios oficiales y tenga una duración de más de veinte días consecutivos, ni las motivadas por la situación física o psicológica derivada de violencia de género, acreditada por los servicios sociales de atención o servicios de Salud, según proceda.» 

No entendía nada. Me había puesto enfermo otras muchas veces en iguales circunstancias. El gestor me explicó – cabreado porque estaba saturado de trabajo por circunstancias similares – que antes era requisito que en la empresa hubiera más de un 5% de absentismo laboral, y que eso ha desaparecido ahora. 

Todavía no he arreglado los papeles del paro, no me ha dado tiempo, pero en el taller ya hay un chaval ocupando mi lugar. Tiene un contrato de prueba por un año. Si le despiden antes de ese año no tienen que darle ninguna indemnización. Además, cobra un 40% menos de lo que yo cobraba. 

Yo ahora estoy en el paro. Uno más en Arganda gracias a la Reforma Laboral. Pero después de todo esto, no se ha creado ni un solo puesto de trabajo donde yo trabajaba.